lunes, 20 de octubre de 2008

CUENTOS

Aprendiendo con las cosas sencillas I….

La tradición sufí cuenta la historia de un filósofo que cruzaba un río en un barco. Durante la travesía procuraba exhibir su sabiduría ante el barquero: -¿Acaso sabes tú la enorme contribución que hizo Schopenhauer a la historia de la humanidad? –No –respondió el barquero-. Pero conozco a dios, conozco el río y conozco la sabiduría simple de mis gentes. -¡Pues que sepas que has perdido la mitad de tu vida! En la mitad del río, el barco golpeó contra una roca y naufragó. El barquero nadaba hacía una de las orillas cuando vio al filósofo ahogándose. -¡No sé nadar! – gritaba desesperado-. ¡Te dije que habías perdido la mitad de tu vida por no conocer a Schopenhauer, y ahora yo voy a perder mi vida completa por no saber algo tan sencillo! (Paulo Coelho)

Aprendiendo con las cosas sencillas II….

Un hombre que paseaba por el campo se topó con un espantapájaros. -Debes de estar cansado de estar siempre aquí, en este campo solitario, sin nada que hacer-comentó el hombre. Respondió el espantapájaros: -El placer de alejar el peligro es muy grande, y yo nunca me canso de hacerlo. -Entiendo. Yo también he actuado así últimamente, con buenos resultados-afirmó el hombre. -Pero sólo se pasa la vida espantando las cosas aquel que está lleno de paja por dentro-repuso el espantapájaros. Al hombre le llevó algunos años comprender esta respuesta: todo cuerpo que tenga carne y sangre en su interior ha de aceptar de vez en cuando lo inesperado. Pero quien no tiene nada por dentro continuamente aleja todo lo que se le aproxima. (Paulo Coelho)

Lo que es un verdadero amigo…

“Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo (dijo un soldado a su teniente). -Permiso denegado, replicó el oficial. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto. Haciendo caso omiso de la prohibición, el soldado salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso: Ya le dije yo que había muerto ¡!! Dígame… Merecía la pena ir allí para traer un cadáver?? Y el soldado moribundo respondio: - Claro que sí, señor ¡ Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: “Estaba seguro que vendrías”
(Gracias Roben, “mi manchego”)